Cada una de las provincias de los Países Bajos tiene una historia que merece atención individual, pero sin embargo en cierta medida la historia de Holanda, es la historia de los Países Bajos y viceversa.

La tierra que es ahora Holanda nunca ha sido estable y durante milenios la geografía de la región había sido dinámica, así la costa occidental se ha desplazado hasta treinta kilómetros hacia el este y las mareas de tormenta regularmente rompieron la fila de dunas costeras.

Las islas de Frisia, que originalmente se unieron a tierra firme, se convirtieron en independientes de las islas en el norte y los principales ríos, el Rin y el Mosa (Maas), se inundaban periódicamente, lo cual hacia que cambiaran de rumbo en varias ocasiones y de forma dramática.

El pueblo de Holanda se encontró viviendo en un entorno inestable acuoso, pero detrás de las dunas de la costa de los Países Bajos una meseta de turba alta había crecido, formando una protección natural contra el mar.

Gran parte de la zona fue de pantano y pantano y hacia el siglo X los habitantes se dedicaron a cultivar esta tierra hasta agotarla, sin embargo, el drenaje como resultado la contracción del suelo extremo, redujo la superficie de la tierra hasta en quince metros.

Al sur de Holanda, Zelanda y al norte, en Frisia, esta evolución dio lugar a inundaciones catastróficas por tormentas que literalmente, lavaban regiones enteras, llegando a desintegrar la capa de turba desprendiéndola y fue arrastrándola por el agua de la inundación.

Desde el lado del mar de Frisia, incluso inundado la zona situada al este, poco a poco fue vaciando la parte continental de Holanda y la formación de Zuiderzee (IJsselmeer presente). Este mar interior amenazaba de vincularse con las tierras de España en el sur, reduciendo a Holanda a una serie de islas de barrera de estrechas dunas frente a una laguna.

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